sábado, 27 de diciembre de 2014

Optimismo versus pesimismo - en you tube -




OPTIMISMO VERSUS PESIMISMO 
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Las conocidas leyes de expansión y contracción, tan fundamentales en el campo de la física, tiene su analogía filosófica en las cualidades de optimismo y pesimismo. En el plano ético, el optimismo es la expresión de la ley de expansión, y el pesimismo, de la ley de contracción.
Hay dos tipos distintos de optimista. Uno, es aquel que es feliz porque nunca asumió sus responsabilidades; el otro, aquel que es feliz enfrentándolas, y viendo el resultado de las responsabilidades dispone de ellas en forma satisfactoria. Ambos son optimistas - el primero, decididamente objetable; el segundo, glorioso y deseable. Uno, es el hombre que ríe cuando juega, y el otro, quien ríe cuando trabaja. La única diferencia entre el trabajo y el juego consiste en la actitud mental. El trabajo, es la cosa que tenemos que hacer; el juego es la cosa que hacemos por nuestro gusto. Por eso, cuando un individuo ama a su trabajo, éste se convierte, realmente, en juego. Pero esa actitud se encuentra raramente.
Hay, igualmente, dos tipos de pesimista. El primero, es el individuo cuyo ánimo está destrozado por los golpes del destino. El segundo tipo, es aquel que, a pesar de no haber experimentado reales infortunios, ¡esta lleno de temor de que los llegue a sufrir! Hubo un pesimista de este tipo, del cual se dijo que tenía un dicho así: “Si tu fuerza es capaz de mover montañas, ¡puede ser que muevas un grano de mostaza!”.
Como regla, el optimista se desliza sobre la superficie de la vida, en tanto que el pesimista tiene la particularidad de arrastrarse hasta el fondo de todo agujero o foso que encuentra en su camino. Ambos, el optimista y el pesimista, se asemejan a los caballeros antiguos, tocados con su coraza de hierro, estando el optimista fortalecido en su actitud contra las tinieblas y el pesimista contra cada simple rayo de sol. Sin embargo, ni el optimista ni el pesimista conocen realmente la vida tal como es.
Si vosotros tendríais que elegir entre uno y otro, sed optimistas; porque es casi seguro que el pesimismo tendrá como resultado: reumatismo, anquilosis prematura, disminución o endurecimiento de las arterias, y una legión de otros males físicos. El pesimismo es una actitud, que fundamentalmente, nos retrae, limita, estrecha y enceguece, mientras que el optimismo, a menudo, expande la naturaleza física, y siempre, la mental.
Pero, entre ambos, está el punto de equilibrio - la posición más perfecta que puede la mente ocupar. El hombre deriva del optimismo no sólo la creencia en la universalidad de la bondad sino también el coraje de seguir adelante para lograr el triunfo. Del pesimismo proviene no sólo la franca revelación de su propia flaqueza sino también un excesivo grado de cautela que vampiriza toda iniciativa. El optimismo es impulsivo; el pesimismo rechaza, 
repele.
Las zonas frígidas pueden ser relacionadas con el espíritu del pesimismo. En él todo se contrae y la vida es una interminable lucha para subsistir. El optimismo tiene una analogía similar a la zona tórrida, en donde todas las responsabilidades quedan reducidas al mínimo y en cada árbol hay colgando un vale para comida. Los pensadores del mundo, sin embargo, no están constituidos ni por el esquimal ni por el hotentote, sino más bien por las razas que habitan las zonas templadas, en donde se mezcla el enervante calor del sur con los paralizantes fríos del norte. Así como el gran trabajo del mundo es hecho por aquellos que viven en climas templados, así también, por analogía, los pensamientos universales alcanzan verdadera y plena expresión en las mentes templadas.

Manly Palmer Hall – La Cultura de la Mente
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Relación del pensamiento con los cuatro elementos primarios - en you tube -

RELACIÓN DEL PENSAMIENTO CON LOS
CUATRO ELEMENTOS PRIMARIOS
 
Siguiendo el ejemplo de los caldeos, enseñaron los griegos, egipcios y hebreos que el universo inferior consistía de un compuesto de los cuatro elementos primarios: tierra, agua, fuego y aire. Los egipcios encarnaron estos elementos en el símbolo de la esfinge, como lo habían hecho antes, con similar intento, los asirios al fabricar su monstruo mitológico, el hombre toro.
Los hebreos, también, fabricaron una extraña bestia, llamada cherubin, que tenía cuatro cabezas, una de hombre, otra de león, otra de águila y la última de toro. A estas cuatro cabezas se asignaron los signos fijos del zodíaco: también, los cuatro evangelistas:
Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Con relación a los cuatro elementos, el toro se asignó a la tierra, el águila, al agua, el fuego al león, y el aire a la cabeza humana. Sobre la cruz, compuesta de estos cuatro elementos, fue crucificado el Cristo-hombre, o Alma del Mundo. 
El prototipo tierra, agua, fuego y aire de los antiguos, devino el carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno de la ciencia moderna - las cuatro sustancias primarias que son la base de toda estructura corpórea.
No sólo el cuerpo físico del mundo tiene esta constitución cuaternaria primaria, pues también encontramos en el reino del pensamiento cuatro elementos tan indispensables como aquéllos para la naturaleza mental. Por ejemplo, en el plano del pensamiento, el elemento tierra se manifiesta como practicidad, el elemento agua como versatilidad, el elemento fuego como impetuosidad y el elemento aire como idealidad. En consecuencia se puede decir que es perfecta la mente en la cual se encuentran estos cuatro elementos en proporciones iguales.
Cuando los griegos construían una ciudad, elegían un sitio en el cual estuvieran reunidos armoniosamente estos cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire). Si había demasiada agua, la humedad hacía peligrar la salud; si demasiado calor, se quemaría la vitalidad. La tierra se consideraba la polaridad del frío; el agua, la polaridad de la humedad, y el aire, la polaridad de la sequedad. Así como la armonía de estos elementos producía el ambiente ideal para el desarrollo de la cultura, la armonía de las analogías mentales de
estos elementos producía un ambiente ideal para el desarrollo y bienestar mental.
Si la mente es demasiado práctica, la naturaleza deviene fría como la tierra. Si es demasiado impetuosa, la razón se ofusca como si estuviera rodeada por un consumidor fuego. Cuando el elemento terreno del pensamiento (practicidad) predomina, se produce el
materialista: cuando el elemento ácueo del pensamiento (versatilidad) predomina, tenemos al inconstante; cuando el elemento ígneo del pensamiento (impetuosidad) predomina, nace 
el fanático; cuando el elemento aéreo del pensamiento (idealidad) predomina, el idealista sin sentido práctico, o el soñador se produce. Sin embargo, cuando todo se mezcla de modo adecuado, la idealidad es controlada por la practicidad, la impetuosidad es dirigida por la idealidad, y la naturaleza rígida de la practicidad brilla por la influencia de la versatilidad.
Si después de analizar cuidadosamente su equipo mental, el individuo encuentra deficiencias en algunas de esas cualidades mentales, deberá comenzar de inmediato a cultivar ese elemento particular hasta el punto en que la deseada armonía de su expresión 
mental sea establecida. Así considerados, estos cuatro constituyentes pueden ser denominados los elementos primarios del pensamiento humano.

Manly Palmer Hall – La Cultura de la Mente

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El pensamiento en correlación con las órdenes de la arquitectura griega - en you tube -


EL PENSAMIENTO EN SU CORRELACIÓN CON 
LAS ÓRDENES DE LA ARQUITECTURA GRIEGA
 
Vitrovius, describiendo los templos de los antiguos griegos, en su famosa obra sobre arquitectura, nota que en su construcción fueron empleados tres tipos distintos de arquitectura. A los dioses superiores y héroes erigieron edificios del orden dórico; porque
siendo sólidos pero simples, eran considerados apropiados para las divinidades masculinas.
A las diosas y deidades menores, erigieron estructuras del orden jónico; mientras que a las más etéreas y graciosas deidades - tales como Venus, Flora y las ninfas - se consideraba adecuado la erección de templos corintios.
Para los griegos, el templo representaba el símbolo del orden Universal. Los tres tipos de columnas diseñadas para soportar los techos de los templos, tipifican el triple poder de la mente que lo sostiene - el orden racional del mundo -. La tríada pitagórica de
Padre, Madre e Hijo, como se presenta comúnmente en el problema N° 47 de Euclides, tiene correspondencia con estos tres órdenes de pilares. El Padre, es el poderoso e imponente orden dórico, la Madre es el orden jónico, cuyas estrías representan los pliegues
de su falda; el Hijo es el orden corintio, cuya adolescencia es representada por la sutil simetría de la columna.
Por analogía, encontramos la razón humana sostenida por tres pilares.
Correlacionado con el orden del saber, la columna dórica o masculina representa la ciencia; cuando la correlacionamos con los métodos de lograr seguridad en el conocimiento, es observación; y cuando lo hacemos con los procesos de la mente, es pensamiento. 
Similarmente, la columna jónica, o femenina, representa, en el campo del conocimiento, la filosofía; con relación a los métodos de obtener el conocimiento, es la razón; y con relación a los procesos de la mente, es intuición. En el orden del saber, la columna corintia, o adolescente, representa la religión; relacionada a los métodos de obtener el conocimiento, es la fe; y con relación a los procesos de la mente, es la imaginación.
En el simbolismo masónico, los tres órganos de las columnas griegas son referidas a la Sabiduría, Fuerza y Belleza - tres cualidades esenciales para la expresión armoniosa del alma humana -. La Casa Universal está sostenida por la Sabiduría, Fuerza y Belleza. La
Sabiduría representa el desarrollo de la mente al estado de realización y entendimiento. La Fortaleza significa la perfección de la estructura física y el asentamiento de la voluntad sobre los seguros cimientos de la iluminación y el orden. La Belleza significa el ajuste armonioso de las partes, dando simetría a la estructura total y encontrando su más natural respuesta a través de las emociones y percepciones sensorias.
Además, las tres columnas masónicas declaran que la Casa Universal está sostenida por el trino y único basamento de una mente iluminada, una mano poderosa y un corazón puro. La mente tiene como antiguo símbolo, el aire; la mano, la tierra o el agua; el corazón, el fuego. El nombre Chiram o Hiram, familiar a los estudiantes de los símbolos masónicos, está compuesto por tres caracteres antiguos que significan: aire, fuego y agua.
Por eso, el corazón, la mente y la mano, unidos en una causa común y personificados por el arquitecto y el artesano, se convierten en los constructores del Templo de Salomón - esa Divina Morada que la razón del universo está gradualmente erigiendo como un permanente tributo a esa Causa Desconocida, que es su origen.

Manly Palmer Hall – La Cultura de la Mente

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El ritmo como factor en el pensamiento - en you tube -

EL RITMO COMO FACTOR 
   EN EL PENSAMIENTO
 
Somos deudores a la ética de Lao-tsé de nuestro más notable concepto sobre la teoría y práctica del ritmo. Hasta cierto punto, el ritmo es el fluir natural de las cosas siguiendo el curso desde su origen; ritmo es, por lo tanto, la expresión natural e irresistible de una agencia causal. Opuesto al ritmo natural, cuyo ejemplo tendríamos en la rompiente de las olas sobre la playa, el murmullo del viento entre las copas de los árboles, o ese interminable canto que es la voz de la naturaleza, hay un falso “standard” de ritmo, el cual, creado por el hombre, muy a menudo está desprovisto de sentido estético.
Se ha dicho que la naturaleza piensa y se mueve en curvas, mientras que el hombre piensa y se mueve en ángulos. Los ángulos son abruptos, las curvas son graduales. A este respecto, es así como el hombre se diferencia de la naturaleza. Los griegos y orientales
intentaron expresar el ritmo de la naturaleza por medio de la danza; porque, como tan bien comprendiera Havelock Ellis, los antiguos consideraban la vida como comparable a una danza. Comparando el ritmo e influencia de la estética griega con lo grotesco de los modernos devotos de Terpsícore, se verá en la danza una expresión profunda de las sensibilidades de nuestra raza, una verdadera clave del ritmo de nuestra alma. Mientras el ritmo de la antigüedad está mejor expresado por la curva, por su gracia y dignidad de expresión, cada reacción de la danza moderna es angular.
Consideremos de igual modo el ritmo del pensamiento. En la simple, agradable dignidad de la verdadera inteligencia, puede ser visto lo que podría llamarse la curva estética, en tanto que en la desorganización característica de la mente moderna encontramos la falsa y angular cultura con que hemos sustituido los antiguos ideales.
Varios pensadores griegos eminentes, consideraban la danza como indispensable a la filosofía. Hay muchos relatos de Pitágoras conduciendo a sus discípulos en rítmicas danzas. No les enseñaba ciertos pasos arbitrarios, sino más bien aquel ritmo que era como 
un impulso natural del cuerpo, despertado por la música, cuando alguna ennoblecedora armonía era arrancada de la lira. Eso era una forma de expresión corpórea, que significaba que el alma no era sólo capaz de recibir lo bello y verdadero, sino también de expresar, por medio del cuerpo, aquellos impulsos rítmicos y armoniosos que la acción de la música hacía despertar del estado latente a la expresión consciente.
El mero entrenamiento intelectual no producirá nunca un filósofo, como no hará al artista una caja de colores. Un filósofo es aquel cuya vida está tan enteramente en armonía con el ritmo natural - tan penetrado con la realización y entendimiento del orden natural del cual es parte -, que involuntariamente sus pensamientos son verdaderos y su lógica segura.
Es muy difícil imaginar un científico moderno danzando en la cima de alguna montaña, en las primeras horas de la mañana. Sin embargo, si él pudiera hacer el experimento, podría descubrir, posiblemente, que uno de los modos más rápidos y seguros de comprender la naturaleza es permitir a ella que fluya a través nuestro.
Un antiguo filósofo dijo, cierta vez, que hay algunas cosas que sólo pueden ser entendidas yendo hacía ellas y permaneciendo en su presencia silenciosamente. Después de un tiempo, la cosa que deseamos entender fluirá dentro de nuestra conciencia y se convertirá en parte de nosotros mismos. Cuando nosotros y la cosa que deseamos conocer se identifiquen en esa forma, entonces - y sólo entonces - nos revelara su naturaleza real.

Manly Palmer Hall – La Cultura de la Mente
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El amor como factor en pensamiento científico - en you tube -

EL AMOR COMO FACTOR EN
  EL PENSAMIENTO CIENTÍFICO
 
Sólo cuando la mente confronta los problemas con humildad, reverencia y amor, puede lograr su solución perfecta. La ciencia moderna no comprende que la actitud del investigador influencia profundamente el resultado de la investigación. La simpatía no debe confundirse con entendimiento. La simpatía es una emoción superficial; el entendimiento es el sentimiento más hondo que el hombre es capaz de experimentar. Toda la naturaleza abre su corazón a un alma comprensiva. Los más profundos secretos del universo serán revelados al intelecto noble e inteligente; en cambio, para el cínico, el materialista o el que sólo cree en el hecho material, los arcanos de la vida permanecerán ocultos.
De algún modo misterioso, el leño, la piedra o la brizna de hierba sienten a aquel que los ama y sirve, y es a quien revelarán su naturaleza oculta. En estos últimos años, un gran hombre de ciencia hindú ha descubierto que las plantas realmente sienten, sufren y aman. Tenemos todavía que realizar que toda naturaleza vive y que sus secretos deben serle delicadamente evocados por el conjuro del amor, y no tratar de arrancarlos en la torpeza del entendimiento materialista.
La sabiduría es más grande que el intelectualismo, porque la sabiduría ha visto detrás del velo, en tanto que el intelecto es sólo capaz de analizar la urdimbre externa de la vestimenta. Lutero Burbank llevó a cabo aparentes milagros con sus plantas en razón de que no las consideraba cosas inanimadas, sino entidades vivientes, con las cuales podía conversar. Como un padre arguye con sus hijos, así el argüía con sus flores, y ellas conocían su voz y la obedecían.
Debe considerarse todo problema con reverencia, porque cuando el hombre resuelve los misterios, ha levantado el velo del Maestro de los Misterios. Cada vez que su mente atraviesa la caparazón de la ignorancia y encuentra una verdad de oro oculta dentro, ha abierto una nueva puerta en el camino que lo conduce al trono de la Divinidad. Para pensar con éxito, amad las cosas sobre las cuales pensamos - no con amor egoísta porque son vuestros pensamientos o vuestras cosas, sino con amor inegoísta, porque cada pensamiento
es un pensamiento divino y cada cosa es una cosa divina.
La ciencia, armada con su telescopio y microscopio, busca arrebatar los secretos de la creación de los altos cielos y de las profundidades de la tierra. Pero edad tras edad van quedando los secretos del cielo y de la tierra inviolados. El alma de la naturaleza hace su llamado al científico, pero éste no lo escucha, porque sólo el alma puede oír la voz del alma. Por lo tanto, si el hombre desea descubrir el lado invisible de la naturaleza, debe invocar la ayuda de la parte invisible de él mismo. Lo visible discierne lo visible; lo 
invisible, lo invisible.
Si buscáis esa iluminación de las facultades de la mente que perciba con mayor claridad los supremos secretos del origen y destino humanos, estad seguros, primero, de que vuestros corazones albergan sólo los más elevados motivos, la más inegoísta de las
aspiraciones.
No dejéis nunca de tomar cada labor con una mente amplia y los ojos abiertos. Si tenéis una noción mezquina de vosotros mismos, la voz débil de la hierba será inaudible.
Sin embargo, si vosotros os mantenéis muy tranquilos íntimamente, escuchando muy cerca, hablando suavemente y preguntando con humildad, recibiréis la respuesta - respuesta que escapará por siempre al discernimiento del científico dogmático, quien no puede “volverse como un niño” y escuchar la voz de la naturaleza a través de su legión de partes, las cuales, en su conjunto, elaboran la vida del universo.

Manly Palmer Hall – La Cultura de la Mente

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Los tres planos del pensamiento - en you tube -


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LOS TRES PLANOS DEL PENSAMIENTO
 
Los antiguos dividían el universo en tres partes: los mundos Supremo, Superior e Inferior. El Mundo Supremo era la morada de la Deidad y sus emanaciones inmediatas. El Mundo Superior era la morada de los espíritus supermundanos - no solamente aquellas
deidades que, aunque de origen divino, tienen algo de sustancia natural sino también aquellos héroes que, aunque hijos de la tierra, han alcanzado el estado de deidades en razón de sus trascendentales obras. Estos dos últimos grupos eran considerados respectivamente como Mortales Inmortales e Inmortales Mortales. El tercero, o Inferior era el Mundo del universo físico, que es la morada de los espíritus terrestres, los cuatro reinos de la naturaleza (minerales, plantas, animales y el hombre), deidades subterráneas (elementales), y espíritus tutelares.
En virtud de su triple constitución, el hombre vive en todos estos tres mundos. Su principio espiritual reside en la esfera suprema, su intelecto mora en la segunda, o mundo medio, porque éste participa de la cualidades humanas y divinas, en tanto que el cuerpo funciona en el mundo físico y está compuesto de los reinos elementales, que constituyen las fuerzas de este mundo.
La mente, también, fue susceptible de una división en tres partes correspondientes.
La mente divina del hombre es capaz de ascender a la realización de su principio espiritual; su mente animal es capaz de descender a los abismos de su naturaleza física inferior; y entre ellas, en el mundo medio, está su mente humana - la cualidad conciliadora que une los dos extremos. La mente animal está destinada sólo a la gratificación de las percepciones sensorias. Por eso, ella proyecta y lucha por conseguir comodidad corpórea; ignora las responsabilidades de la vida, y al ser gobernada por esta faz de la naturaleza mental, los iniciados griegos declararon que era espiritualmente muerta.
En el simbolismo antiguo, el Mundo Supremo era representado como la esfera blanca, el superior como la esfera gris, y el inferior como la esfera negra. Sirviéndose del simbolismo pagano, los cristianos metamorfosearon estas tres esferas en cielo, tierra e infierno. El cielo estaba representado por el blanco, porque la luz representa la condición de la iluminación espiritual que acompaña al perfecto desarrollo de las facultades. De la esfera gris central fue inferida la naturaleza mental, la cual es una mezcla de luz y oscuridad, ya que aún en los más evolucionados intelectos hay, todavía, en cierto grado, ignorancia mezclada con la sabiduría. La plena oscuridad de la tercera esfera significa tristeza, incertidumbre, aflicción y pena, las cuales prevalecen cuando falta la iluminación. Muy pocos comprenden que el cielo, tierra e infierno son condiciones de la conciencia y no lugares o localidades. El cielo, tierra e infierno se interpenetran, ocupando todos el mismo lugar en el mismo tiempo, y el hombre funciona y existe en cualquiera de 
estos tres estados, con los cuales armoniza según su punto de vista espiritual, intelectual y ético.
Vive en el cielo aquel que realiza el eterno y todo penetrante poder del bien, y vive para servir a sus semejantes. Está en el infierno quien, ignorante del propósito de la vida, odia y teme, y lucha contra ese desconocido poder que modifica sus fines. Se denomina 
humano aquel en quien están combinados el gozo del cielo y el temor del infierno. La vida es una gradual ascensión en la cual el alma se eleva a si misma del pegajoso cieno terrenal hasta la clara luz blanca del entendimiento.

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Cómo determinar la importancia relativa de un arte o ciencia - en you tube -


CÓMO DETERMINAR LA IMPORTANCIA
RELATIVA DE UN ARTE O CIENCIA
 
Para desarrollar la facultad de discernir, Pitágoras planteó un método por el cual las cosas superficiales se eliminaban por un procedimiento simple y directo. Pitágoras declaró que las artes y ciencias como los números, pueden ser consideradas como emanando de una mónada primaria y, por lo tanto, su grado de importancia relativa podía ser determinado por la distancia que las separa de su principio. Así, pues, si tomamos los números 1, 2, 3 y 4, y aceptamos el 1 como mónada o principio, el 2 será inferior al 1 pero superior al 3 y 4, porque su poder esta cerca del 1, mientras que el 3 está desplazado más allá del 1, y el 4 todavía un lugar más. Además, el 4 es cuatro veces 1. Quitando uno de estos 1, la constitución del 4, en consecuencia, es destruida, quedando el 3. Similarmente, quitando otro 1 del 3, la estructura del 3 es destruida y el 2 queda. Por una sustracción similar, la estructura del 2 es destruida y queda, solamente, el 1 o mónada de los números. El número 1 es, por lo tanto, el más grande, porque sobrevive a la destrucción de todos los otros números.
Por un proceso similar de eliminación, Pitágoras declaraba que la diferencia entre una ciencia fundamental y cualquiera de sus dependientes puede ser prontamente determinada, porque todas las dependientes pueden ser quitadas sin destruir la ciencia raíz o clave; pero si la ciencia raíz o clave es eliminada, las dependientes desaparecen con ella.
Por ejemplo, si cortáis una rama, el árbol sigue viviendo; pero si arrancáis la raíz, todas sus ramas se mueren.
Pitágoras diferenciaba la ciencia raíz de sus ramas, con el siguiente simple método.
Las matemáticas constituyen la raíz principal del árbol de la sabiduría, porque mientras todas las artes y ciencias dependen de ellas, las matemáticas no tienen ninguna dependencia. La matemática, por lo tanto, constituye el 1, o mónada del perfeccionamiento intelectual. Luego, en grado de importancia al 1 (matemática) está el 2, apropiadamente emblemático de las dos ciencias gemelas de la música y la geometría, seguido por el 3,
denominado astronomía. La astronomía es una ciencia subordinada porque, dado que depende de la geometría y la música, las últimas no dependen de aquélla. Quitemos la geometría y eliminamos la armonía sideral. Pero quitemos la astronomía y ni la geometría ni la música son afectadas. Lo que puede ser quitado sin destruir la integridad del todo, es una cosa dependiente. De aquí, pues, la astronomía depende de ambas, geometría y música.
Por idéntico proceso de eliminación, vemos que la geometría y música, ambas, a su vez, dependen de la matemática; porque quitando el factor matemático no sólo destruimos la razón y estructura de la música sino, también, el fundamento de la geometría. Siendo subordinadas a la matemática, ambas, geometría y música, pueden ser eliminadas, quedando, así, establecida la matemática como la primera y fundamental ciencia del intelecto humano, siendo todo otro arte o ciencia una mera expansión y adaptación a los principios matemáticos.
Se concluye de lo antedicho que todo aquel que desee ser filósofo debe ser primero matemático; porque la matemática entrena la mente en el principio de exactitud. Siendo la filosofía abstracta en su mayor parte, está más allá del alcance de la mente que no está 
entrenada para actuar con cautela y seguridad. La mayoría de los clarividentes han adquirido percepciones suprafísicas más por el estudio de las matemáticas que por cualquier otro arte o ciencia. Pitágoras, en consecuencia, desarrollaba por las matemáticas la facultad de la exactitud; por la geometría, la facultad de la proporción; por medio de la música, la facultad del ritmo, y por la astronomía, la realización de las inmensidades cósmicas.

Manly Palmer Hall – La Cultura de la Mente
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